SI NO LLEGAMOS al punto calculado, puede ocurrir que caigamos sobre algún lugar con obstáculos. Si estos son piedras o pequeños barrancos trataremos de hacer una toma suave en la zona menos peligrosa de ella.
CON FUERTES VIENTOS: no frenar o frenar muy poco al tocar el piso, inmediatamente darse vuelta y tirar de las bandas A o de una de ellas y correr hacia el ala que se desinfla, evitando ser arrastrado. Si el viento es demasiado fuerte y a frenos sueltos volamos hacia atrás, es conveniente tirar bruscamente de las bandas “A” cuando se está a punto de tocar el piso (los pies a ½ metrosde altura), inmediatamente darse media vuelta y tratar de tirar el cuerpo contra la vela para evitar que esta se vuelva a inflar y nos arrastre.
EN ÁRBOLES: cuando estamos por aterrizar sobre un árbol nos protegeremos cerrando las piernas y tapándonos con los brazos el pecho y la cara, apoyar el mentón en el pecho, después de frenar a tope hasta último momento. Nunca quedaremos enganchados de refilón pues se corre el riesgo de romper las ramas. Una vez que hayamos chocado con el árbol (“arborizaje”), nos agarraremos a una buena rama, pues si bien el parapente tiene muchas posibilidades de engancharse, esto puede no ser así y caeríamos a tierra. Nunca nos quitaremos el casco hasta que nos estemos en el suelo y tomaremos muchas precauciones en el momento de salir del arnés. Tener paciencia y esperar ayuda es bueno en la mayoría de los casos. De aquí deducimos que siempre es preferible volar acompañado.
EN CABLES DE LUZ evitaremos el contacto con más de uno para que no pase corriente a través nuestro. Así si es necesario estiraremos las piernas para sobrepasar el último cable. Si nos hemos quedado colgados, y vienen a rescatarnos, evitaremos que nos echen una cuerda o escalera hasta estar seguros de que han cortado la corriente de esa sección en que nos encontramos. Al tener un contacto con el suelo (cuerda, escalera…) puede haber una descarga a través nuestro.
EN EL AGUA si vamos a caer al agua, no frenaremos nunca a tope al entrar, sin llevarla muy frenada, la vela, sigue con velocidad y caerá lejos de nosotros. Así podremos quitarnos el arnés sin enredarnos con ella y/o con los suspentes. Todos los movimientos los realizaremos con mucho cuidado y evitaremos agotarnos. La serenidad es un importante aliado. Luego recogeremos los suspentes para que no se enganchen en el fondo, aprovecharemos el tiempo que tarda el parapente en perder todo el aire de las celdas, manteniéndose a flote, para recogerlo por el borde de fuga y tirar de él hacía la orilla. Nunca se intentará sacarlo tirando de los suspentes pues la resistencia que ofrece en el agua impedirá moverlo.
Atención, NUNCA aterrizar en un río con corriente, o en un lago de aguas frías, cualquier opción es menos peligrosa que éstas.
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